Psicología Cognitiva y Pensamientos Distorsionados

En la psicoterapia cognitiva no existe un corpus teórico unificado ni un autor centralizador. Sí existe cierto consenso respecto de los planteamientos básicos, aunque pueden encontrarse distintas conceptualizaciones o incluso términos diferentes para hacer referencia al mismo proceso.

Epicteto, en el siglo I, ya decía en el Enchiridion: “No son las cosas mismas las que nos perturban, sino las opiniones que tenemos de las cosas”.

Mucho más tarde, en las décadas de 1950 y 1960, surge la psicoterapia cognitiva desde dos sectores: por un lado, autores que venían del psicoanálisis y, por otro, representantes del conductismo. Pero, más allá de estas dos corrientes, se considera a Kelly (1955) el primer teórico cognitivo, ya que presenta un enfoque de la persona y de la terapia desde un planteamiento claramente cognitivo (Weishaar y Beck, 1987).

Las dos corrientes de origen

Los principales exponentes de la psicoterapia cognitiva procedían originalmente del psicoanálisis, como Ellis (1962) y Beck (1967). Ambos se alejaron de esa escuela por considerar que no aportaba evidencia empírica relevante ni resultados favorables en el trabajo clínico.

La otra línea que conformó los orígenes de la terapia cognitiva corresponde a los autores que provenían del conductismo y que, viendo sus limitaciones, comenzaron a incorporar y ampliar sus concepciones. Entre ellos, los más destacados fueron Bandura (1969), Meichenbaum (1969) y Lazarus (1971). Por eso a veces se habla de la terapia cognitivo-conductual (TCC), para mostrar el carácter integrador de dos modelos que en aquel entonces comenzaban a confluir.

El principio básico de la terapia cognitiva

La psicoterapia cognitiva se basa en el principio de que nuestras emociones y comportamientos están influidos por los pensamientos o interpretaciones que generamos ante las situaciones. Además, estos pensamientos e interpretaciones están condicionados por las creencias que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.

Los primeros en utilizar esta idea (básicamente, que los pensamientos son un factor importante en el origen de las emociones y las conductas) de forma sistemática para el tratamiento de los trastornos psicológicos fueron Albert Ellis y Aaron Beck, cada uno de forma independiente, aunque se disputaron la autoría del modelo y la supremacía del uno sobre el otro. Albert Ellis llamó a su modelo terapia racional emotiva conductual (TREC), y Aaron Beck llamó al suyo terapia cognitiva.

Método terapéutico

En la terapia individual en Bilbao que realizamos en el Centro Psicológico Gran Vía, el tratamiento se basa fundamentalmente en el supuesto teórico de que la conducta y los afectos de una persona están determinados por su forma de estructurar el mundo (Beck, 1976).

El esquema básico de la terapia cognitiva se representa como un triángulo en cuyos vértices se sitúan los pensamientos o cogniciones, la conducta y la emoción. El modelo se basa en tres conceptos centrales:

  • Esquemas: son patrones cognitivos relativamente estables que constituyen la base de la regularidad de nuestras interpretaciones de la realidad. Las personas utilizamos nuestros esquemas para localizar, codificar, diferenciar y atribuir significado a los datos del mundo.
  • Tríada cognitiva: descrita por Beck en la depresión, consiste en una alteración de los patrones cognitivos que lleva a tener:
    • Una visión negativa de uno mismo: la persona se considera inútil, perdedora, desgraciada, torpe o enferma, y tiende a subestimarse constantemente y a erosionar así la autoestima.
    • Una visión negativa de sus experiencias: interpreta sus relaciones con el entorno en términos de derrotas o frustraciones, siente que no puede hacer frente a las exigencias de la vida y ve obstáculos y problemas constantemente.
    • Una visión negativa del futuro: tiende a ver el porvenir negro, como si solo fueran a llegar cosas peores, y le cuesta mucho proyectarse con un sentido realista u optimista.
  • Distorsiones cognitivas: durante el procesamiento de la información pueden producirse ciertas alteraciones que llevan a las personas a sacar conclusiones arbitrarias.

Las trampas de la mente: tipos de distorsiones cognitivas

La distorsión se produce porque aplicamos ciertas estrategias dando por hecho que las situaciones son de una manera determinada (según nuestros esquemas). Cuando la situación ya no es así, la estrategia que habíamos aprendido para ese tipo de situaciones, y que seguimos aplicando, resulta inútil y contraproducente. Es decir, en cierta manera perdemos capacidad de adaptación al evaluar el entorno de forma sesgada.

  1. Pensamiento dicotómico: también llamado pensamiento absolutista, de todo o nada, o de blanco o negro. Es el pensamiento de extremos (“o conmigo o contra mí”): se pasa del blanco al negro sin pensar que existen multitud de tonalidades de gris.
  2. Generalización excesiva: se da cuando, a partir de uno o varios hechos aislados, se extraen reglas que se generalizan a otras situaciones.
  3. Abstracción selectiva (filtro mental): valorar un hecho o una experiencia a partir de un solo elemento, ignorando los demás. Consiste en centrarse solo en ciertos aspectos de la situación, normalmente los negativos.
  4. Descalificación de lo positivo: la persona transforma las experiencias positivas o neutras en negativas. Atribuye a la casualidad todos los acontecimientos positivos que le suceden y considera los negativos un castigo merecido.
  5. Inferencia arbitraria: llegar a una conclusión sin pruebas, o incluso con pruebas en contra. Puede darse como adivinación del futuro (anticipar sin pruebas algún acontecimiento futuro) o como lectura de la mente (concluir sin pruebas lo que piensa el interlocutor).
  6. Maximización y minimización: exagerar la importancia de un acontecimiento negativo, considerándolo una horrible catástrofe o tragedia, lo que lleva a una reacción emocional desadaptada (maximización), o restar importancia a lo positivo, no tenerlo en cuenta o no darle valor (minimización).
  7. Razonamiento emocional: formular argumentos basados en cómo nos sentimos y no en la realidad, es decir, construir nuestras creencias sobre la realidad en función de las emociones negativas que sentimos.
  8. Personalización: tendencia a atribuirse a uno mismo hechos y fenómenos externos que no tienen que ver con uno, sin pruebas que establezcan esa relación.
  9. Enunciados “debería”: aplicar de forma rígida reglas sobre nuestras obligaciones y las de los demás. Consiste en centrarse en lo que uno piensa que debería ser en lugar de en lo que es, con independencia del contexto.
  10. Etiquetado: utilizar etiquetas para describir las conductas y a las personas. Las etiquetas suelen ser absolutas, negativas e inalterables.

Estrategias para combatir las distorsiones

El objetivo de la terapia cognitiva es ayudarnos a ser personas más sanas y fuertes. Para ello, hay que construir una nueva forma de pensar, aprendiendo a detectar las distorsiones y a sustituirlas por pensamientos racionales. El siguiente procedimiento, de cuatro pasos, ayuda a identificar la emoción y las distorsiones y a reestructurar los pensamientos:

  1. Nombrar la emoción: identificar la emoción que surge ante una situación que genera ansiedad y que produce malestar emocional.
  2. Identificar los pensamientos distorsionados: analizar el malestar emocional y detectar qué creencias irracionales lo provocan.
  3. Combatir los pensamientos irracionales: una vez descubiertas las ideas irracionales, hay que cuestionarlas para demostrar su falsedad, buscando argumentos que muestren que son ideas exageradas.
  4. Generar una creencia nueva, más funcional y equilibrada: se establece una creencia racional que sustituirá a la idea irracional. La creencia racional es una frase constructiva que produce sosiego. En este sentido, conviene señalar que la terapia cognitiva es una terapia de argumentos y no un ejercicio de pensamiento positivo: no se trata de repetir los nuevos pensamientos, sino de convencernos de ellos.

Bibliografía

  • Martín Camacho, J. “El ABC de la terapia cognitiva”. fundacionforo.com
  • “Psicología cognitiva”. Wikipedia.
  • Santandreu, R. (2011). El arte de no amargarse la vida. Barcelona: Paidós.
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Sonia de la Peña

Psicóloga clínica y directora del Centro Psicológico Gran Vía en Bilbao. Desde siempre me ha apasionado la vida y las personas. Me ha fascinado entender cómo reaccionamos ante distintas situaciones y cómo podemos acompañarnos para resolver conflictos y recuperar la felicidad

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