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ToggleQué es la frustración
La frustración es una vivencia emocional que se presenta cuando un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se llegan a satisfacer o a cumplir. Cuando ocurre esto, a causa de la frustración, los adultos (y también los niños) experimentan en mayor o menor medida una serie de emociones como el enfado, la tristeza, la angustia o la ansiedad. Al mismo tiempo, se trata de vivencias personales, por lo que cada uno puede enfrentarse y reaccionar ante estos hechos de manera diferente.
Qué significa tolerar la frustración
Tolerar la frustración significa ser capaz de afrontar los problemas y limitaciones que nos encontramos a lo largo de la vida, a pesar de las molestias o incomodidades que pueden causarnos. Por tanto, se trata de una actitud y, como tal, puede trabajarse y desarrollarse desde los primeros años.
Por qué los niños necesitan aprender a tolerar la frustración
En la vida hay situaciones en las que conseguimos nuestros objetivos y deseos, y otras en las que no. En la etapa infantil, los niños suelen pensar que el mundo gira a su alrededor, que lo merecen todo y que consiguen al momento lo que piden. No saben esperar porque no tienen desarrollado el concepto del tiempo ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Son egocéntricos porque les corresponde, dado su momento evolutivo.
Por tanto, requieren de la figura adulta para aprender a tolerar la frustración. Si los padres siempre dan a los hijos todo aquello que piden, los pequeños no aprenderán a tolerar el malestar que genera la frustración ni a hacer frente a situaciones adversas. Por ello, en la edad adulta seguirán sintiéndose mal cada vez que no consigan aquello que se han propuesto. Intentar complacer en todo a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favorece su desarrollo integral como personas.
Tipos de frustración en los niños
Un punto importante para enseñar a los niños a tolerar la frustración es conocer los diferentes tipos de frustraciones con los que se pueden topar:
Frustración provocada por los adultos
Se da cuando el niño quiere hacer algo y los adultos, generalmente los padres, se lo impiden. Como adultos, hay que saber distinguir qué prohibiciones son lógicas y cuáles responden a que no nos viene bien o a un “no porque no”. En este último caso podemos estar frustrando al niño sin motivo.
Pequeñas dosis de frustración desde los primeros años son buenas, siempre contando con el cariño y el apoyo de los padres para superarlas y para que estas se puedan convertir en una enseñanza positiva. Sin embargo, un ambiente lleno de prohibiciones, en el que el niño siente que no tiene libertad para actuar, puede generar malas conductas por parte del pequeño.
Frustración provocada por otros niños
Los niños pequeños son incapaces, todavía, de ponerse en el lugar del otro. Un niño no le quita al otro el juguete por maldad, sino porque lo quiere y no sabe entender los sentimientos del otro. El más dominante se quedará con el juguete y el otro se pondrá a llorar.
Los niños son egocéntricos por naturaleza; están centrados en sí mismos, y esto es normal en la etapa infantil. Incluso preocuparse de uno mismo en esta etapa no es malo, ya que de esta forma el niño está desarrollando su propia autoestima y personalidad, y necesita reafirmarse.
Los niños solo piensan en sí mismos, al menos hasta los 4 años, cuando empiezan a socializar y a salir de sí mismos para tener en cuenta al otro. En ese momento comienzan a considerar más las emociones de los otros niños, pero aún carecen de habilidades sociales para demostrarlo, ya que esto requiere entrenamiento. Los niños nos necesitan en esa práctica. Por tanto, los padres debemos guiarlos para que aprendan a tolerar esta frustración.
Frustración provocada por los objetos
El niño empieza a descubrir que hay cosas que no puede hacer por sí mismo, por ejemplo, encajar una pieza en un puzle. Los objetos, al igual que sucede con las personas, no se comportan siempre como él quiere. Su inmadurez, su fuerza y su coordinación a menudo le juegan malas pasadas.
Sin embargo, las frustraciones que el niño experimenta con los objetos son educativas. A través de la exploración y de la perseverancia en los intentos, el niño consigue comprender mejor el mundo que le rodea. Es una forma de aprendizaje, pero si vemos que la frustración con el objeto le desborda, es el momento de que los adultos intervengan ofreciéndole su ayuda.
No significa hacer las cosas por él, sino brindarle una pequeña ayuda que le permita tener éxito en su tarea. A veces consiste en adecuarle mejor el espacio, mover un poco el objeto o “desatascarle” del paso en el que está para que continúe, pero no en hacerle la tarea completa.
Frustración provocada por la edad o el tamaño
Es la frustración que aparece cuando el niño no consigue hacer algo que le exige más de lo que puede ofrecer por su tamaño o altura. No es consciente de esa incapacidad y se puede sentir decepcionado consigo mismo.
Por eso es muy importante ofrecerles juguetes adecuados a su etapa evolutiva. Todo lo que pongamos a su alcance debe adaptarse a sus capacidades, tanto físicas como psíquicas y cognitivas, y a su etapa de crecimiento. El niño tiene que sentirse capaz en su pequeño mundo.
Cómo enseñar a los niños a tolerar la frustración
Teniendo en cuenta todo esto, podemos enseñar a los niños a tolerar la frustración desde las primeras etapas, partiendo de la premisa de que los fracasos y las frustraciones son algo normal en la vida y de que una persona feliz no es aquella que no se equivoca o que siempre consigue todo lo que quiere. Para conseguir que el niño tolere la frustración, los padres deben evitar la sobreprotección y no abusar de la permisividad, apoyándose en pautas de crianza positiva que combinen límites claros y afecto.
Pautas para los padres
- Dar ejemplo: la actitud positiva de los padres al afrontar situaciones adversas es el mejor ejemplo para que los hijos aprendan.
- Educarle en la cultura del esfuerzo: es importante enseñar al niño que hay que esforzarse para superar los fracasos.
- No darle todo hecho: si se le facilita todo al niño y no se le permite alcanzar sus retos por sí mismo, es difícil que pueda equivocarse y aprender de sus errores para saber cómo enfrentarse al fracaso.
- No ceder ante las rabietas: las situaciones frustrantes derivan muchas veces en rabietas. Si los padres ceden ante estas, los niños aprenderán que es la forma más efectiva de resolver los problemas.
- Marcarle objetivos: hay que enseñar al niño a tolerar la frustración marcándole objetivos realistas y razonables, pero sin exigirle que se enfrente a situaciones que, por su edad o madurez, sea incapaz de superar.
- Convertir la frustración en aprendizaje: las situaciones problemáticas son una excelente oportunidad para que el niño aprenda cosas nuevas y las retenga. De esta forma, podrá afrontar el problema por sí mismo cuando vuelva a presentarse.
- Enseñarle a ser perseverante: la perseverancia es esencial para superar situaciones adversas. Si el niño aprende que siendo constante puede solucionar muchos de sus problemas, sabrá controlar la frustración en otras ocasiones.
Estrategias para afrontar la frustración
Ante la frustración, hay que enseñar a los niños formas positivas de hacer frente a estos sentimientos adversos, y cuando el malestar desborda al niño o a la familia, el acompañamiento de una psicóloga infantil en Bilbao ayuda a encontrar el modo de hacerlo. Para ello, se pueden utilizar distintas estrategias:
- Técnicas de relajación: todos nos enfrentamos a situaciones adversas de una forma más positiva si estamos relajados.
- Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca.
- Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda: a algunos niños les cuesta pedir ayuda. Hay que enseñar al niño a intentar buscar una solución primero.
- Representar papeles: se puede jugar con el niño a interpretar una situación frustrante. Primero interpretará la frustración y luego el rol opuesto. Se le puede animar a que hable consigo mismo de forma positiva y a que busque una manera de resolver el problema. En consulta utilizamos con frecuencia el juego como herramienta terapéutica por este mismo motivo.
- Reforzar las acciones apropiadas del niño: es importante elogiarlo cuando retrase su respuesta habitual de ira ante la frustración y cuando utilice una estrategia adecuada.
- Modificar la tarea: enseñar al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo.
Cómo te ayudamos en el Centro Psicológico Gran Vía
Cuando las rabietas y el malestar se repiten y afectan a la convivencia, trabajar en conjunto con toda la familia marca la diferencia. En el Centro Psicológico Gran Vía acompañamos a madres, padres e hijos en terapia de familia para aprender juntos a manejar la frustración en casa.


