La frustración es el sentimiento que surge cuando no logramos conseguir lo que queremos o anhelamos. Es una reacción de molestia, abatimiento, angustia… El problema no está en el enfado que sentimos ante estas situaciones, sino en nuestra actitud frente a ellas. Cuando nuestra tolerancia es baja, surgen los conflictos y las dificultades emocionales.
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TogglePor qué algunas personas toleran mal la frustración
El origen de la tolerancia a la frustración podemos encontrarlo en la propia infancia y en el estilo educativo que hemos recibido. De bebés, cuando necesitábamos algo, los adultos de nuestro alrededor se esforzaban por darnos aquello que pedíamos. En los primeros momentos, esas necesidades son básicas, como comer o dormir. No sabíamos esperar ni entendíamos el concepto del tiempo y de la espera.
Sin embargo, a medida que vamos creciendo, empezamos a vivir experiencias que nos generan frustración, ya que dejamos de querer solo cosas básicas para pasar a desear cosas que no son imprescindibles para nuestra supervivencia.
Los padres tienen entonces que gestionar el retraso de las gratificaciones, algo importante para desarrollar una tolerancia a la frustración equilibrada. Por ello, es necesario que desde pequeños aprendamos a tolerar no tener inmediatamente lo que queremos, a esperar para obtener aquello que deseamos y a no angustiarnos desde el primer momento, aunque por el camino haya alguna rabieta ante la espera.
Si vivimos en primera persona ese cúmulo de sensaciones, aprenderemos a manejar la frustración ante los inconvenientes de la vida. Si no, de adultos experimentaremos un gran malestar cuando nos pongan límites o cuando no podamos satisfacer nuestros deseos de forma inmediata, y querremos poner fin a esa desagradable sensación que no sabemos manejar.
Cómo trabajar la tolerancia a la frustración desde pequeños
Este aprendizaje puede empezar desde los primeros años de vida, siguiendo estas pautas:
- Permitir que el niño o la niña experimente pequeñas frustraciones.
- Evitar la sobreprotección como estilo educativo.
- Establecer normas y límites claros desde la infancia.
- Aprender las repercusiones positivas y negativas que tienen nuestros actos, deseos y emociones.
- Favorecer un desarrollo personal equilibrado.
- Mantener una comunicación emocional con los hijos que les ofrezca referentes estables como guía.
Si te interesa profundizar en esta etapa, te explicamos más sobre la frustración en los niños y cómo acompañarla en casa.
Qué hacer si te frustras con facilidad siendo adulto
La persona con baja tolerancia a la frustración tiene una serie de creencias que condicionan su forma de ver la realidad, y eso la lleva a sentir emociones negativas y desagradables. Por ese motivo, conviene tener en cuenta los siguientes aspectos:
- Ser conscientes de nuestras frustraciones diarias y prestar atención a cómo reaccionamos ante ellas.
- No confundir deseos y necesidades: los primeros pueden esperar y las segundas necesitan satisfacerse de forma más inmediata.
- Asumir que no podemos obtener todo lo que queremos y que la vida no siempre es fácil ni cómoda.
- Aprender a soportar sensaciones negativas como el dolor, la espera o el fracaso, ya que no nos destruyen.
- Identificar en nuestro entorno las personas y situaciones que son una fuente continua de frustración y desgaste, para reducir su peso o evitarlas.
- Contrastar con los demás si nuestras sensaciones y reacciones son exageradas, para reconducirlas hacia una actitud más equilibrada.
- Buscar soluciones adecuadas a nuestro malestar, centrándonos en las alternativas y no en las sensaciones negativas.
Consecuencias de la baja tolerancia a la frustración
Por todo ello, es importante trabajar a nivel emocional las estrategias necesarias para afrontar de forma eficaz las dificultades que nos presente la vida. De lo contrario, nos encontraremos con adultos que solo piensan en el bienestar a corto plazo, que carecen de habilidades para manejar el malestar ante los conflictos y que se desmotivan con facilidad.
Esto hace que abandonen antes los proyectos y metas que les suponen esfuerzo y que eviten las situaciones que les generan sensaciones negativas y desagradables.
Así se pierde la capacidad de disfrutar plenamente de una parte de la vida. Por eso no debemos olvidar que somos nosotros quienes elegimos cómo enfrentarnos a la adversidad, y que así vamos desarrollando el equilibrio emocional que tan necesario resulta para nuestra salud psicológica.
Cómo te ayudamos en el Centro Psicológico Gran Vía
Si sientes que la frustración te bloquea o te lleva a abandonar lo que empiezas, puedes aprender a manejarla. En el Centro Psicológico Gran Vía la trabajamos en terapia individual en Bilbao, identificando las creencias que la alimentan y entrenando nuevas formas de afrontarla.
Bibliografía
- Ellis, A. (2006). El camino a la tolerancia. Barcelona: Obelisco.
- Burns, D. (2003). Sentirse bien. Barcelona: Paidós.
- http://www.tupsicologia.com


